El documento plantea que los países firmantes respalden la elaboración de una hoja de ruta que acelere la transición hacia un modelo energético distinto. En su párrafo inicial, los promotores afirman su compromiso de avanzar colectivamente hacia una transición “justa, ordenada y equitativa” que permita abandonar progresivamente el uso de combustibles fósiles y mantener el límite de 1,5 grados de aumento de la temperatura global.
La propuesta también hace referencia a las realidades internas de cada nación y a la necesidad de acompañar a los trabajadores de industrias que serán afectadas por la transición. Además, subraya que la cooperación internacional debe fortalecerse, con especial atención en la creación de mecanismos financieros más inclusivos que provean recursos sin aumentar la deuda de los países en desarrollo.
Aunque el documento ya ha circulado en varias versiones, algunas delegaciones aún analizan su respaldo. Al no formar parte del canal oficial de negociación, su contenido no será vinculante y tendrá un carácter más simbólico y político. En la COP28, los Estados habían acordado, por primera vez, dejar atrás de manera gradual los combustibles fósiles, sin fijar plazos específicos.
En Belém, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva volvió a instar a los países a establecer rutas claras para superar la dependencia de estas fuentes energéticas. No obstante, André Corrêa do Lago, presidente de la conferencia, sostuvo recientemente que el tema difícilmente se incorporará a la agenda formal, que requiere consenso total. Aun así, organizaciones ambientales y algunas delegaciones esperan que la discusión cobre fuerza cuando los ministros lleguen para la fase final de la COP30. Rebecca Newsom, portavoz de Greenpeace, aseguró que han identificado el respaldo público o informal de al menos una decena de países, lo que podría facilitar un pronunciamiento conjunto.
Redacción: Forum News